LA OBRA DE FERNANDO PEÑA DEFILLÓ

Por la originalidad y la firmeza de su estilo, la precisión y el vigor de su inspiración, la seguridad y el refinamiento de su oficio, Fernando Peña Defilló es un artista que, de manera incomparable, ha gestado un mundo de sensaciones visuales, personales y sociales. Un infinito equilíbrio estético que nace de la meditación y sus temas perennes: lo visible y lo invisible, la vida y la muerte. Ese potencial expresivo totalizante, en un pintor excepcionalmente culto, se define por y para la dominicanidad y el antillanismo: aquí, la autoctonía cimienta una producción que, sin discontinuidad, ha conservado sus rasgos identitarios durante seis décadas fructíferas.

La capacidad creadora de Fernándo Peña Defilló es de una constancia y coherencia privilegiada a través de sus períodos sucesivos, y no los podemos aislar sino situar en el contexto epocal e histórico que les corresponde. Tampoco debemos separar abstracción y figuración: de hecho él yuxtapone elementos gráficos y pictóricos que sencillamente culminarán en una topografía inconfundible…¿será que la naturaleza real, cósmica e imaginaria, no deja nunca de subyacer oculta o manifiesta, el pintor enlazando a sus reinos?

Habiendo iniciado, con una maestría insólita, su “compromiso” profesional –Fernando Peña Defilló siempre se comprometió-, el joven dominicano, adscrito al informalismo español y a las turbulencias espesas de la pasta, más allá de la experimentación expresaba su indignación en contra de las dictaduras, la trujillista y probablemente la franquista.

Inmerso en la plenitud europea, él retorna sin embargo al país en busca de la democracia… A la no-forma sucedió el contrapunto de la forma geométrica: una geometría sensible que cabe leerse como la edificación de otros tiempos y estructuras nacionales. Aquellos espacios demandaban que el pintor los anime, los pueble, los ocupe, y entonces él abre de par en par su pintura a la representación criolla, su gente y sus tradiciones, su mística y su sincretismo. Un extenso y complejo período, perfectamente articulado.

Observamos la asombrosa virtuosidad estilística del maestroen el arte occidental desde el neo-clasicismo hasta la contemporaneidad, pero, isleño del Caribe, él hurga en sus entrañasgeocéntricas. Realismo, expresionismo, neoprimitivismo, geometrismos, culminan en la “nueva imagen”.

El propone un arte furiosamente experimental: ensambla, encola, mezcla discrecionalmente técnicas, materiales, tendencias, para expresar la realidad popular, su religiosidad, su mestizaje, ¡la denuncia llega al cariz politico! Fernando Peña Defilló actúa con una desenvoltura impresionante que concluye en excelencia plástica, virtud compatible solo con el dominio total de los medios, deconstrucción incluida… para construir la idiosincrasia dominicana.

Fernando Peña Defilló reta el tercer milenio, con una expresión iluminada y sobrenatural… de lo humano y lo divino, según una teosofía particular y un llamado a la paz transcendental: caben armoniosamentetodas las creencias en la visión real-fantástica e infinita del pintor. El retiro del artista, entregado a pensar , escribir y pintar, en el esplendor paisajístico de Jarabacoa, favorece la simbiosis entre ámbitos terrenales y celestiales, desplegados metafóricamente en su iconografía reciente.

Ahora bien, no mencionamos el talento de Fernando Peña Defilló como crítico de arte, y su manejo admirable de la palabra. Entre muchos textos, están las Volutas, breves y sustanciosas, aforismos y profesión de fe. Hasta una sola todolo dice: “Nunca he podido separar la vida y el arte. En mi están entrañablemente unidos, es precisamente esta simbiosis que ha regido la trayectoria de mi existencia.”

Marianne de Tolentino, Crítico de arte.